Formación y metodología docente: El Aprendizaje Basado en Proyectos.

 

 

 

Como comencé a desarrollar en la anterior publicación en el desarrollo de un programa formativo, además de los objetivos que se pretenden alcanzar, es fundamental tener en cuenta el público al que va dirigido y el tipo de programa, eligiendo una metodología que vaya en sintonía con él.

 

Por ello en este post me centraré en el aprendizaje basado en proyectos o ABP, promovida por el Buck Institude for Education en los años 90 entre sus jóvenes estudiantes. Consiste en que los alumnos pongan en práctica y evalúen proyectos que tienen implicaciones en la vida real, más allá del aula. El ABP trata de enseñar a través de la motivación al obligar al alumno a dar una solución tangible a cuestiones de la vida real cercanas a ellos, enfocando el problema como un reto y otorgando al estudiante un rol protagonista en su resolución.

 

Se inicia a través de una pregunta guía, que será la que enfoque la temática del asunto y la investigación posterior. Una vez planteada, los alumnos se organizan en equipos colaborativos, desempeñando cada individuo las funciones que le correspondan dentro del grupo. Ellos mismos crean el contenido, se enseñan entre sí, programan los tiempos y realizan el proyecto hasta dar su propia solución a la pregunta. A la inversa que en el modelo tradicional, la mayor parte del tiempo los alumnos hablan y el profesor es quien escucha. Tendrán que moverse, hablar entre ellos, buscar información, elegir materiales, consultar fuentes, relacionarse con los grupos, buscar en diferentes tecnologías, etc., para lo cual, la sala y los materiales deben estar adaptados.

 

El profesor marca las fases para la solución del proyecto, guiando así la ejecución como una “mano invisible”:

  1. La fase previa, en la que los alumnos se motivan, investigan y planifican los pasos a seguir.
  2. La que supone más tiempo, y se trata del desarrollo del producto o solución.
  3. La última es la exposición, evaluación y autoevaluación del proyecto, en la que no sólo evalúa el profesor sino cada grupo y cada individuo a sí mismo.

 

De esta forma se convierte al alumno en el protagonista, dando autonomía a los grupos para planificar, estructurar, ejecutar y presentar el producto que solvente el problema planteado. La motivación se consigue al elegir un reto que les sea cercano, que puedan comprender e involucrarse, acorde a sus necesidades e intereses. Durante el proceso, el profesor ayuda a los grupos a filtrar la información más adecuada, pero son ellos quienes la eligen y la analizan por sí mismos.

 

Al finalizar el proyecto debe haber como resultado un producto final que sea tangible, como puede ser un vídeo, un póster, porfolio, grabación, etc. Este producto se comparte como trabajo final, exponiéndose ante el profesor y el resto de compañeros. En este momento se lleva a cabo la evaluación del proyecto por parte del profesor y también la propia autoevaluación por parte del alumno.

 

Esta metodología ayuda a los alumnos a desarrollar competencias y habilidades fundamentales como son la  comunicación, el liderazgo, la gestión del tiempo, el trabajo en equipo, el autoconocimiento y el uso de nuevas tecnologías, y además trabaja el pensamiento autocrítico y reflexivo, entre otras cosas.

 

En nuestra experiencia en entornos corporativos este tipo de metodología es muy apropiada para los programas de larga duración, con especial incidencia en los programas con titulación universitaria que desarrollamos desde OPEM Universidades. En los mismos siempre debemos verlo todo en su conjunto: los objetivos de la organización, los medios disponibles, los contenidos, el formador, los alumnos, etc. Una vez estudiado el conjunto, podremos elegir entre el abanico de posibilidades metodológicas al servicio de las personas.

 

Estos cursos de larga duración suelen ser en muchos casos transversales al área funcional de desempeño del alumno en la organización, por lo que es crítica la aplicabilidad en su carrera profesional dentro de la compañía y el ROI de esta formación a su realidad laboral con seguimiento de resultados. Y es aquí donde el desarrollo de proyectos, en equipo o individuales, se convierten en una excelente herramienta para transferir el conocimiento aprendido durante el programa a aspectos tangibles tanto en el día a día como en el desempeño futuro del directivo que desarrolla el curso, aportando y presentando los resultados finales a la compañía.

 

En el entorno actual podemos trabajar con los alumnos de manera presencial, pero también es cada vez más habitual utilizar plataforma e-learning que permite la creación de grupos con herramientas de comunicación on line en directoy gestión documental que facilitan el trabajo de personas deslocalizadas o con horarios poco compatibles. Siempre será crítico en este proceso una adecuada selección de tutores que acompañen y aseguren la calidad del proceso.

 

El proyecto fin de programa, en definitiva, es una herramienta para reforzar comportamientos y competencias necesarias para el adecuado desempeño en la función directiva con especial incidencia en:

  1. Adquirir una visión global de la empresa, en tanto que ésta debe constituir la sinergia de las distintas áreas que la componen y del entorno que la rodea.
  2. Desarrollar estrategias empresariales, visión a largo plazo, incorporando el hábito de estudiar las decisiones dentro del sistema competitivo en que la empresa se encuentra.
  3. Desarrollar la capacidad de tomar decisiones, mediante el desarrollo de procesos basados en la realidad de la propia compañía siempre sometida al cambio.
  4. Desarrollar la creatividad como base de la necesidad de buscar nuevas soluciones.
  5. Incorporar el hábito de trabajo en equipo. En el nuevo panorama empresarial, la vinculación del equipo a un proyecto es más importante que lo que una persona puede hacer individualmente.

 

Por todo lo tratado cuando hablamos de formación, a través de la metodología, compartiría la frase de P. Freire «enseñar no es transferir el conocimiento sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción». Porque cuando trabajamos con estos programas transversales en las empresas abrimos una puerta para la mejora continua, generando una cultura del cambio y la innovación, que permitirá ayudar al desarrollo de la nueva generación de directivos que nos van a permitir afrontar los retos del mercado en entornos VUCA y la supervivencia de la empresa a largo plazo.

 

 

José Antonio Carrión.

Director de Programas OPEM Universidades.

 

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