Agility Learning (aprendizaje ágil). Una dimensión crítica para liderar el cambio.

Hoy en día vivimos en un entorno complejo, los directivos somos como ese buceador que nada en aguas muy removidas, aquellas que nos impiden ver el fondo. Sin duda vivir en la sociedad de la información, donde todo fluye y se mueve con rapidez, hace que las tendencias, modas, gustos, productos y servicios sean volátiles y cambiantes. Lo que funciona hoy puede no funcionar mañana y al revés, a veces sin que medien las reglas lógicas que nos han servido hasta ahora. 

 

En un entorno tan complejo de predecir hay una habilidad que se ha vuelto básica para la supervivencia de cualquier líder, la capacidad de aprender y adaptarse. Y es que mientras vamos ascendiendo en la cadena de mando, es necesario sentirse cómodo con la inseguridad y el cambio constante, al que vamos a enfrentarnos de forma inevitable. Como líderes, debemos tener la capacidad integradora de dar sentido e integrar piezas de información e ideas, creando nuevas soluciones desde ellas. A su vez, necesitamos tener la seguridad suficiente para tomar decisiones rápida y ágilmente, incluso sin contar con los datos suficientes, ya que si nos esperamos a tenerlos en nuestra mano y bien analizados, puede ser demasiado tarde. Estas habilidades de estar abiertos al cambio, escucha activa y adaptabilidad indican también que los verdaderos líderes han de sentirse cómodos con las aportaciones e ideas de sus colaboradores, sin intentar frenarlas o adueñarse de sus creaciones ni esconderlas. Debe permitir que las ideas fluyan, para conseguir innovar y avanzar, destacando frente a la competencia y haciendo crecer a la compañía. 

 

“Learning Agility” o “Aprendizaje Ágil” es clave para desbloquear nuestra capacidad de adaptarnos. Se trata de “saber qué hacer cuando no sabes qué hacer”. Los estudios indican que es un buen indicador del potencial de liderazgo, porque se trata de personas que absorben excelentemente la información de sus experiencias, y la extrapolan a otras para gestionar situaciones desconocidas. 

 

Según una publicación de la Universidad de Harvard, “es la capacidad de aprender continua y rápidamente de la experiencia. Implica abandonar lo que había funcionado en el pasado”. Se trata por tanto de una habilidad que nos permite aprender algo de una situación y aplicarlo en un contexto completamente diferente. Recopilar patrones de un contexto y usarlos en otro nuevo. Es decir, se trata de la habilidad de aprender, adaptarse y aplicar lo aprendido. 

 

Según un estudio realizado por la consultora Korn Ferry, hay diferentes perfiles y formas de aplicar esta habilidad, aunque siempre se muestran 5 dimensiones cruciales que deben estar presentes para poder afirmar que la poseemos:

 

  1. Agilidad Mental: pensar críticamente para penetrar en problemas complejos y expandir posibilidades, haciendo conexiones innovadoras. 
  2. Agilidad Social: entender y relacionarse con otras personas, incluso en situaciones complejas.
  3. Agilidad ante el Cambio: que les guste experimentar, ser curioso y lidiar con el cambio de forma eficaz. 
  4. Agilidad en Resultados: conseguir resultados en las situaciones inspirando a los equipos, y exhibiendo la presencia que construye confianza en ellos mismos y otros. 
  5. Auto-conocimiento: ser reflexivo y auto-conocerse bien, comprendiendo sus capacidades, habilidades y su impacto en otras personas. 

 

Las organizaciones están obligadas, para asegurar su supervivencia integrar y atraer líderes que compartan estas dimensiones y que con su influencia y capacidad contagien una cultura y gestión basada en el aprendizaje ágil que les permitirá competir en un mercado cada vez más global y complejo. Las empresas deben establecer sistemas de diagnóstico y actuación para desarrollar estas 5 dimensiones, tanto en sus líderes como en sus equipos. De esta forma desarrollaremos organizaciones ágiles con personas capaces de afrontar la necesaria tasa de innovación que asegure su adaptabilidad y mejora continua. 

 

En nuestra experiencia incorporar procesos, formaciones y seguimiento, adaptadas a la realidad de la empresa (sector de actividad, cultura, recursos humanos, situación de partida, etc.) aseguran el desarrollo de hábitos en esta nueva manera de pensar y trabajar, lo que ayuda a los líderes a reforzar a sus equipos, a fomentarla su entrenamiento continuo hasta convertirlo en un hábito, un estilo propio, potenciando las ideas y trabajo de los colaboradores. Es importante señalar aquí que este es un proceso de cambio que requiere tiempo y trabajo constante, las recetas mágicas y los atajos acaban llevando al fracaso, encontramos compañías que comenzaron el proceso y lo abandonaron, es por ello importante establecer objetivos realistas y asegurar el seguimiento en el tiempo. Porque como señala M. Sahota “muchas organizaciones no están preparadas para un cambio radical (aunque lo necesiten desesperadamente), saltar directamente del sofá a una maratón puede causar un ataque al corazón.” 

 

¿Eres un líder ágil?, ¿te gustaría que tu organización lo sea?. 

 

José Antonio Carrión.

Artículo original publicado en Linkedin

 

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