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Un enfoque diferente sobre la Gestión de Conflictos

Un conflicto desde el punto de vista psicológico es una lucha mental, a veces inconsciente, que resulta cuando diferentes representaciones o mapas del mundo son opuestas. Dicho de otra manera, un conflicto es una situación en la que dos o más partes con intereses contrapuestos entran en confrontación u oposición para lograr así la consecución de sus objetivos.

Los conflictos se pueden comparar con un iceberg o con una matrioska, ya que a la hora de identificarlos lo primero que tenemos ante los ojos es lo evidentemente visible, lo que con tan sólo una mirada observamos e incluso nos anticipamos a interpretar. No obstante, si ¡graduamos las gafas! y nos sumergimos para mirar con mayor campo de acción, observaremos otros aspectos del conflicto hasta el momento no identificados, que son donde radica la verdadera esencia de la diferencia y por lo tanto, donde podremos buscar la solución.

En esa profundidad del iceberg o en la variedad de matrioskas que van apareciendo, por continuar con el símil, es donde se hace necesario poner el foco de atención si realmente queremos resolver el conflicto. Porque gestionar los intereses opuestos supone realizar un verdadero esfuerzo en conocer qué creencias, valores, suposiciones y presuposiciones intervienen para crear diferentes modelos de la realidad. ¿Estás dispuesto a salir de tu círculo de comodidad e intentarlo?.

Probablemente una vez hemos llegado a este punto, estés pensando en la negociación o mediación como estrategias de gestión de conflictos y no te quito la razón, tan sólo permíteme que ¡juguemos! a ponernos en la piel del otro. Como cuenta un proverbio indio-americano ¡para llegar a conocer a alguien del todo primero debes caminar un kilómetro con sus mocasines!.

Vivimos inmersos en nuestros propios ¡zapatos!, lo que te propongo a ti ¡A! es que te pongas en el lugar de ¡B! para que no te quedes anclado en tu propia perspectiva, en la forma en la que ves el mundo y que mires el ¡mapa! tal y como lo ve, entiende e interpreta ¡B!. Y del mismo modo a ti ¡B!, te invito a que realices el mismo ejercicio y te sumerjas en la ¡foto! de ¡A!.

Bajo esta idea de ¡intercambiar los zapatos! subyace una reflexión ¿es suficiente con ponerse los zapatos del otro para llegar a comprender cómo piensa, siente o actúa?

Indudablemente la respuesta es no.

En la medida en la que somos capaces de ver, oír y sentir como la otra parte, es decir, de ¡meternos bajo la piel del otro! ponemos en práctica la empatía y estamos ampliando nuestro ¡mapa! permitiendo así flexibilizar la situación abriendo una puerta a la comprensión y el entendimiento.

Este paso de por sí es crítico si queremos resolver conflictos pero sé que tú, al igual que yo, no te conformas sólo con las primeras matrioskas que han aparecido. Porque sabes que si continuas indagando y sumergiéndote aparecerán nuevas muñecas si cabe más interesantes que las primeras y que ampliarán tu perspectiva hacia la situación.

En este caso el reto no sólo pasa porque tú ¡A! te metas en los zapatos de ¡B! y viceversa, sino en que te des la oportunidad de convertirte en ¡C!. Un dicho popular nos ayudará a dar significado a esta idea, se trata de ¡ver los toros desde la barrera!. Al distanciarnos del conflicto reducimos la carga emocional que de por sí supone cualquier confrontación de intereses del mismo modo que en esta posición es más sencillo darse cuenta de los recursos que necesitamos para cambiar el rumbo de la interacción en dirección a un resultado deseado.

Percibir una situación desde estos tres lugares nos da flexibilidad, comprensión, apertura y nos permite tomar conciencia de los recursos que podrían resolver mejor el conflicto.

Nadie dice que sea sencillo, pero al menos merece la pena intentarlo, ¿no crees?.

Norma Jiménez Lucas

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