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¿Tienes mucho lío o estás liado? No es lo mismo…

El arqueólogo de la imagen, sacada de la película del 32, tiene mucho lío. La momia está muy liada. No es lo mismo tener mucho lío que estar liado. Me he dado cuenta de la diferencia después de que varios compañeros, al no responder a sus correos, me lo volvieran a mandar diciendo aquello de “se que estás muy liado y tal vez se te haya pasado mi correo…”. Si os disculpan con demasiada frecuencia diciendo que suponen que estáis muy liados es que sois unos maleducados (como es mi caso en los correos) o porque le están dando vuestro trabajo a otra persona que os va a reemplazar. A la vista de la gravedad de la segunda opción trataré de explicar la diferencia entre estar liado y tener mucho lío.

Aplicando mi perfil de filólogo os propongo distinguir primero entre estar y tener. Estar define una cualidad casi personal. Decimos estas muy bueno, estas borracho, esas contento…Tener es algo externo y seguramente sobrevenido. Tener tiempo, tener dos copas de mas…De lo primero tenemos cierta responsabilidad, de lo segundo casi ninguna.

Vamos, que estar liado es que somos unos desorganizados y tener mucho lío es que trabajamos en demasiadas cosas a la vez. El primero suele ser vago, el segundo un adicto al trabajo. Pongamos algunos ejemplos y situaciones a modo de test para que sepas en que situación estás.

Estar liado:

  • No respondes a los correos pensando que lo harás mas tarde porque recuerdas de un curso de gestión del tiempo que eso se hacía de golpe y durante un momento del día.
  • Comienzas muchas cosas al día y no terminas ninguna porque te apodera una sensación de ahogo insuperable.
  • Tienes la mesa que parece la desembocadura de un rio después de unas inundaciones. Es posible que haya una familia de castores viviendo bajo esa montaña de papeles.
  • A todos los que te piden algo ya sea por escrito, por mail o por teléfono les dices que mañana mismo les das una respuesta y según te escuchas decirlo sabes que no lo harás y se pueden posar periquitos en tu creciente nariz.
  • Quieres quedar bien con todos. Eres incapaz de rechazar ningún encargo o petición de ayuda. Es el síndrome de Diógenes de los “bienquedas”, te vuelves a tu sitio cada día con un carrito de compra lleno de encargos y compromisos que te han salido al paso y no puedes rechazar. Los castores de tu mesa te lo agradecen golpeando sus colas remo contra el tablero.
  • Eres procrastinador pero no lo puedes pronunciar. Como Pessoa crees que siempre debes dejar para mañana lo que puedes hacer hoy y lo mismo debes decir mañana. No se vosotros, pero yo al decir “Procrastinador” me siento partidario de Crasty el payaso…
  • Estás muy ocupado y quieres que los demás lo noten pero por el final de tu cadena de producción nunca sale nada. Llegas a casa agotado y no has hecho nada.

Tener mucho lío:

  • Llevas listas de cosas que hacer solo por el gusto de agobiarte de manera algo mas ordenada. Gozas tachandolas de la lista como si fueran regalos de Reyes a cuñados.
  • Haces cursos de gestión del tiempo sin darte cuenta de que lo que necesitas es mas tiempo o menos tareas. Después de acabar el curso tienes complejo de culpa por haber perdido un día entero repasando lugares comunes con un consultor muy afable.
  • En ocasiones es mas una pose que una realidad, queremos dar pena a los que vienen a encargarnos algo y mostramos hiperactividad. Este postureo debe ser dinámico, es decir, debemos mostrarlo también en movimiento. Por eso paseamos por la oficina con un papel en la mano o un archivador aunque realmente vayamos al baño.
  • Estás en ese momento de sobrecarga de tareas en el que no delegas trabajos a otro porque piensas que tardas mas tiempo explicando cómo hacerlo que haciéndolo tu. Eso va dejando sin trabajo a tu equipo que te observa como una madre orgullosa a su hijo montado en el tiovivo. Te saludan cada vez que pasas en otra vuelta vertiginosa con tu archivador en el brazo.

Lo primero tiene muy poca solución porque es mas que nada una forma de ser. Deberías pensar mas bien en cambiar de puesto y estar en uno en que solo debas despachar los problemas según llegan y pasar a otro. Como una atención al cliente o algo así.

Lo segundo es mas fácil de arreglar. Se cura dejando de ir a trabajar una semana y comprobando que los problemas y las tareas, vistas desde lejos, no eran tan importantes como pensábamos. Algunas se habrán resuelto solas, otras las habremos olvidado y otras las habrá reasumido su verdadero responsable.

Si es uno de los miembros de nuestro equipo el que tiene ese problema, entonces volvamos a lo elemental de un jefe, decir a cada uno lo que esperamos de él o de ella. Asignando prioridades y valorando consecuencias. Si no lo recordamos con frecuencia se irán inventando tareas muy importantes para ellos y muy poco para la empresa.

 

José María Peláez

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